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¡Socorro! Estoy perdiendo vista. ¿Cómo evitar perjudicar la propia vista para toda la vida?
Preguntas y respuestas n.30 Power Vision System ‑¡Socorro! Estoy perdiendo vista. ¿Cómo evitar perjudicar la propia
vista para toda la vida? Desde hace
algunos años, he verificado una disminución de la vista de aproximadamente
0,25-0,50 dioptrías por ojo. Siempre he tenido una vista perfecta y me molesta
mucho no poder ver tan bien como antes. Trabajo y estudio contemporáneamente. ¿Influye esto de alguna manera? Además, para mi trabajo la buena vista es un requisito importante. Quisiera disponer de la mayor información posible.


- Answers David De Angelis

Siempre es interesante notar la evolución de la casi totalidad de los defec­tos funcionales de la vista. Si se pregunta a alguien que presente un defecto visual, de cualquier entidad, por la corrección óptica de que partió, responderá con mucha probabilidad haciendo referencia al aumento progresivo de la corrección óptica del defecto inicial: “Mi actual prescripción es de 4 dioptrías, pero inicialmente mi primer par de gafas era de –0,75...”.

Si se analiza bien este tipo de afirmaciones sencillas, se comprenderá que la persona se ha visto forzada con el paso del tiempo a cambios continuos de gafas (poder dióptrico de las lentes), como empeoramiento de su defecto inicial. Y uno se pregunta si tal procedimiento correctivo, aceptado habitualmente por la sociedad actual, se puede considerar de alguna validez terapéutica: de hecho, en la casi totalidad de los casos las gafas no sólo no curan el problema (en el sentido propio del término, o sea curando la funcionalidad de los órganos de la vista), sino que lo agravan, contribuyendo al aumento del estrés proximal por hiperacomodación y disminuyendo, por tanto, con el tiempo las capacidades de enfoque. Actualmente la ciencia médica ha logrado enormes y destacados progresos en la cura de un amplio tipo de trastornos y enfermedades, pero cabe preguntarse, cuando se trata de problemas funcionales de la vista: ¿qué se ha hecho verdaderamente para erradicar los defectos funcionales de acomodación, como son la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo?

A la luz de cuanto se acaba de decir, ¿puede de verdad considerarse un procedimiento terapéutico/curativo el uso indiscriminado de gafas y lentes de contacto? La respuesta parece intuitiva: probablemente los actuales sistemas de “cura” de los defectos de refracción habrían de revisarse en el ámbito de una óptica diversa y menos miope con respecto a este problema.

He aquí un ejemplo que puede que aclare mejor el concepto de cura. Una persona se rompe una pierna y se procede, pues, a escayolar el miembro mismo, para permitir la curación del hueso. Tal procedimiento tiene la finalidad de permitir a la persona accidentada caminar de nuevo con sus propias piernas. En este caso es posible que se prescriban muletas para permitir que la persona sostenga de la mejor manera su propio peso y para facilitarle la deambulación, ello hasta que la pierna se haya curado y el accidentado sea de nuevo capaz de caminar. Nota bene: las muletas deberán utilizarse hasta la curación del miembro y, en consecuencia, hasta la recuperación de la capacidad deambulatoria. No más allá.

En la “cura” de la vista, así como se entiende según el sistema actual de prescripción y utilización de las lentes, esto NO ocurre: imagínese que el individuo se encuentre en un momento difícil y estresante de su vida y que haya notado una disminución de la vista. Esa persona tiene la sensación de ya no lograr ver donde y cuando antes, en cambio, lo conseguía fácilmente. En consecuencia, la persona va a ver al profesional de la vista, quien descubre una ligera miopía, la cual debe “curarse” con un par de gafas “de reposo”.

Por tanto... a partir de ese momento la persona, en el caso de que utilice estas correcciones ópticas también para distancias para las cuales no serían necesarias (como el trabajo a corta distancia o incluso mirar fijamente un rostro u objetos a cortas distancias), se tendrá con el tiempo un empeoramiento constante del defecto de refracción (éste es el efecto del estrés por hiperacomodación que impone al sistema visual límites a su capacidad natural de enfoque).

Defecto “funcional” es aquel cuya causa no es atribuible a la estructura del órgano (enfermedad orgánica), sino al modo de utilización del órgano mismo. En este caso, empleando gafas o, todavía peor, lentes de contacto con corrección total (10 décimas en la tabla de Snellen, en cada uno de los ojos), el sistema visual, con el tiempo, se fatigará y debilitará (y, en consecuencia, acabarán siendo necesarias lentes cada vez más potentes). Éste, en opinión del abajo firmante, no parece un procedimiento terapéutico, ya que no elimina las causas del problema; es más, con el tiempo las agrava. No cabe, pues, sorprenderse si con el tiempo la persona que lleva puesta una corrección total en la mayor parte de sus actividades cotidianas llega a manifestar la “profecía” de miopía progresiva y de tipo “hereditario”, que se formula a causa de la constatación del empeoramiento progresivo del defecto visual inicial.

Este procedimiento “terapéutico” de los defectos de refracción tiende, a diferencia de la escayola aplicada a la pierna rota (que después de un mes permitirá al accidentado correr de nuevo libremente sobre sus propias piernas curadas), a encadenar a la persona hipercorregida ópticamente a una serie progresiva de nuevas prescripciones y gafas. Resultado: con el paso de los años, con gran probabilidad el defecto se acentuará enormemente y, en el peor de los casos, si se presenta un defecto de presbicia, uno se verá forzado a las lentes bifocales.

La regla “la función crea el órgano” no contempla excepciones, tampoco cuando se trata de órganos visuales: el uso actual de la prescripción completa (gafas y lentes de contacto) debilita y “vicia” la capacidad acomodativa ocular natural y fisiológica. Y eso sin contar con que este tipo de procedimiento NO interviene sobre las concausas de tipo psicológico, emocional y de estrés, que afectan muy posiblemente al paciente.

En el caso concreto de tu pregunta, probablemente en este período el estrés excesivo por hiperacomodación (trabajo y estudio a cortas distancias), tal vez en concomitancia con uno o más factores de estrés de otra naturaleza (recordemos, de hecho, que los ojos son el órgano que más sufre el estrés de tipo emocional), ha llevado al empeoramiento de tu vista, que en esta fase inicial podría tratarse (y en este caso se trataría de cura efectiva), disminuyendo sencillamente el estrés proximal (mirando a menudo en la lejanía y, si es posible, utilizando gafas “de reposo” de tipo positivo) y prescribiendo un período de reposo y relax, lejos de los compromisos cotidianos habituales. El eventual empleo de lentes positivas permite disminuir el estrés proximal y estimular la capacidad de enfoque de los ojos: tales lentes deben, en todo caso, utilizarse, por motivos de seguridad, sólo en el caso de que la persona, por motivos de trabajo u otros no necesite la corrección óptica completa (por ejemplo: en el coche o si realiza trabajos específicos).


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